Tenía los accesos de su sitio. No tenía el control.
Cómo rescatamos el activo digital de una inmobiliaria después de que su sitio desapareciera de Google.
Una inmobiliaria en Costa Rica tenía las credenciales de administradora de su sitio web, y aun así no podía cambiar nada: era una aplicación hecha a la medida que nunca se terminó y cuya entrega se fue postergando durante meses. El 13 de febrero de 2026 el sitio se cayó de Google de un día para otro —de 303 a 72 apariciones diarias— y no hubo forma de averiguar por qué. Recuperamos las 107 propiedades vigentes, las migramos a una plataforma que ella misma administra, y desplegamos el sitio nuevo el 25 de julio de 2026. En las dos semanas siguientes las apariciones en Google se triplicaron: de 70 a 211 por día. A la fecha de este caso el sitio va por el 61% de la visibilidad que tenía antes de la caída. No está recuperado del todo, y explicamos exactamente qué falta.
Ocho meses pidiendo lo mismo
High Grade Real Estate es una inmobiliaria boutique en Costa Rica. Su sitio era una aplicación hecha a la medida, y llevaba mucho tiempo sin terminarse: la entrega se fue postergando mes a mes.
Conviene decir esto con precisión, porque es la parte del caso que más se malinterpreta: ella sí tenía sus accesos. Entraba como administradora. Lo que no tenía era la posibilidad de cambiar nada que importara.
En un sitio hecho a la medida, la contraseña te deja entrar, pero el diseño, la estructura y la forma en que se guarda el contenido viven en el código. Y el código lo toca una sola persona. La dueña pedía, esperaba, y lo que volvía no era lo que había pedido. O no volvía.
Y acá hay que ser justo con el modelo, porque el problema no es el desarrollo a la medida en sí. Hay proyectos que lo necesitan y que no se pueden resolver de otra forma. Pero tiene un costo que casi nunca se cotiza junto al precio inicial: requiere mantenimiento constante, y ese mantenimiento es más caro que en una plataforma estándar, porque cada cambio pasa por alguien que conozca ese código en particular.
Mientras ese acompañamiento existe, funciona bien. El día que se corta —por presupuesto, por agenda, porque la persona se ocupó en otro proyecto— el sitio se queda exactamente donde estaba. Y nadie más puede retomarlo con facilidad.
Eso fue lo que pasó acá. No falló la tecnología: se cortó el mantenimiento.
Hay una captura del sitio de octubre de 2025 y otra de junio de 2026. Ocho meses de diferencia. El diseño y la estructura son los mismos: lo que ella venía pidiendo que se cambiara, no se cambió.
Y ahí hay un costo que desde afuera no se ve. El catálogo de una inmobiliaria se vence. Una casa publicada hace seis meses ya se vendió por otro lado, cambió de precio, o el dueño la retiró. Alguien seguía cargando propiedades a mano —en ocho meses entraron seis fichas nuevas y salieron cuatro— pero el sitio que las mostraba llevaba mucho más de seis meses congelado. Para cuando entramos nosotros, buena parte de lo publicado ya no servía.
Toda la atención estaba puesta en un proyecto nuevo. Un sitio de reemplazo que se estaba construyendo y que nunca se entregó.
El 13 de febrero
Durante nueve meses el sitio venía subiendo en Google. Iba bien. Esto no es una interpretación nuestra: son las insignias que emite el propio Google cuando un sitio alcanza un hito. La de 180 clics en 28 días la consiguió el 21 de enero de 2026 — tres semanas antes de la caída.
El jueves 12 de febrero de 2026 apareció 303 veces en resultados de búsqueda. El viernes 13, apareció 72.
Y de ahí para abajo, cuatro meses.
Esa distinción importa más de lo que parece. Un sitio descuidado baja despacio: dibuja una pendiente. Esto es un precipicio, en un solo día, del 76%. El abandono explica por qué nadie lo notó ni lo arregló durante cuatro meses. No explica el corte.
¿Qué pasó el 13 de febrero? No lo sabemos. La dueña tampoco.
Febrero de 2026 fue un mes de volatilidad alta en búsqueda orgánica, con actualizaciones que Google nunca confirmó. Es una causa candidata, no una explicación: una actualización mueve a un sitio entre un 10% y un 30%. Acá el corte fue del 76%, y fue permanente.
Podríamos inventar una causa y sonaría bien. Sería inventada.
Y ese es exactamente el punto del caso. Tener la contraseña no es lo mismo que poder arreglar tu sitio. Cuando lo que falla es una pieza a la medida, la única persona que puede tocarla es quien la escribió. Entrar al panel y ver que todo sigue igual no sirve de nada.
Rescatar el contenido de una aplicación que no exporta
El sitio tocó fondo la primera semana de junio de 2026: 11,6 apariciones por día en Google. Prácticamente invisible.
El objetivo era mover el catálogo a una plataforma que la dueña pudiera administrar de verdad. Y ahí apareció el segundo problema de los desarrollos a la medida: no hay botón de exportar. Las propiedades no estaban en una base de datos con un formato estándar, sino incrustadas en el código de la propia aplicación. No existía el archivo que uno pediría para mudarse.
Así que lo sacamos por fuera, leyendo el sitio como lo lee un navegador.
Y acá está la decisión que define el caso: no sacamos el contenido del sitio que estaba en el aire. Ese tenía la cartera vencida. Lo sacamos del proyecto de reemplazo que se estaba construyendo y nunca se entregó, porque ahí estaban las propiedades vigentes.
Fuimos a buscar el trabajo de la clienta al lugar donde había quedado parado.
107 propiedades vigentes, propias y exclusivas —no listados compartidos del MLS—. Entraron todas, mediante un pipeline de importación en Python, a un sitio en WordPress que desde el primer día administra ella.
Un detalle sobre la analítica, porque es fácil contarlo mal: el sitio anterior sí tenía medición instalada. Los datos existían y se estaban registrando. Lo que ella no tenía era el panel donde mirarlos. Hoy lo tiene, dentro de su propio WordPress.
El día del cambio
El 25 de julio de 2026 salió el sitio nuevo.
Este es el día que da miedo, y hay que decirlo: un sitio que ya está mal se puede poner peor. Cambiamos la plataforma entera, todas las direcciones y todo el contenido de una vez.
Los 30 días previos al cambio, el sitio aparecía 70 veces por día en Google. Las dos semanas siguientes: 211.
Se triplicó.
Y ahora el matiz, porque cualquiera que sepa leer estos datos lo va a ver: la posición media empeoró. Pasó de 28,3 a 42,6.
Eso no es un problema, es lo que tiene que pasar. Son cientos de páginas nuevas entrando al índice, y entran por abajo. Primero entran, después suben.
Esa es la parte del trabajo que reclamamos como mérito: que un cambio de esta escala, en lugar de tumbar el sitio, lo levantara.
Dónde está hoy, incluido lo que falta
Del fondo de 11 apariciones diarias a 237 en los últimos días medidos. Los clics se duplicaron desde el despliegue.
Los gráficos de arriba los dibujamos nosotros a partir del CSV exportado. Esta es la pantalla de la que salen, sin retocar:
Y ahora la parte incómoda, porque si el caso termina acá te estaríamos vendiendo un final que todavía no llegó.
No está recuperado.
| Métrica | Antes de la caída | Hoy | Recuperado |
|---|---|---|---|
| Apariciones diarias | 346 | 211 | 61% |
| Clics diarios | 4,96 | 3,69 | 74% |
Falta el 39% de la visibilidad. Y acá aparece un número que asusta leído de golpe: Search Console dice que hay cerca de 7.000 páginas sin indexar.
El sitio no tiene 7.000 páginas. Tiene 153.
Ciento cuatro fichas de propiedad —de las 107 que importamos, tres ya salieron del catálogo—, 30 artículos, 11 páginas y 8 categorías. Eso es todo lo que existe hoy.
Esas 7.000 son el rastro del sitio anterior, y tienen una explicación concreta: era multilingüe. Cada propiedad existía cuatro veces —en inglés, español, francés y alemán— y lo mismo cada listado por tipo, por ciudad y por provincia. Multiplica eso por años de rastreo y el inventario de direcciones que Google acumuló deja de tener relación con la cantidad real de contenido.
Por eso el desglose se lee como se lee, y no es un misterio:
2.314 duplicadas sin canónica, 1.179 redirigidas, 459 en error 404. No son páginas nuevas que Google se niegue a indexar. Son direcciones viejas que está descartando.
Y eso explica por qué la recuperación va por etapas y no de un salto: antes de consolidar las 153 direcciones que hoy importan, Google tiene que terminar de digerir las miles que dejaron de existir. Ese es el trabajo que sigue, y es cuestión de meses, no de semanas.
Un apunte de honestidad sobre la línea de tiempo: entre el 8 y el 24 de junio el sitio subió solo, de 11 a 66 apariciones diarias, antes de que desplegáramos nada. Ese repunte no es nuestro y no lo contamos como propio.
Lo que sí está hecho es el rescate. El sitio es suyo, el catálogo está vigente, y hoy puede cambiar lo que quiera sin pedirle permiso a nadie.
Lo único que no se rescata
Hay una recomendación que le hicimos a ella y que vale para cualquiera que esté leyendo esto. Es la parte más importante de todo el caso.
El dominio tiene que estar a tu nombre.
En una cuenta que abras tú, con tu correo y tu tarjeta. Siempre. No a nombre de tu agencia, no a nombre de tu desarrollador, no «me lo maneja alguien y ni sé dónde está».
Porque todo lo que acabas de leer —recuperar el contenido, construir el sitio nuevo, volver a Google— se pudo hacer porque el dominio quedó bajo su control.
Si el dominio no es tuyo, no hay rescate. Empiezas de cero, con otro nombre, y pierdes todo lo que ese dominio se ganó en años.
El contenido se recupera. El diseño se rehace. El dominio no. Es la única pieza que, si la pierdes, la perdiste.
Y las dos preguntas que este caso enseña a hacer antes de firmar: quién le va a dar mantenimiento y a qué costo mensual, y cómo vas a sacar tu contenido el día que quieras irte. Si el mantenimiento no está cotizado, se va a cortar. Y si sacar tu contenido depende de que alguien te lo prepare, todavía no es tuyo, aunque tengas usuario y contraseña.
Si esto te suena conocido
Este caso no es sobre SEO. Es sobre control.
Si tienes un sitio y no sabes dónde está registrado tu dominio, o si cambiar una foto depende de que alguien te conteste el mensaje, ese es el problema — y conviene averiguarlo hoy, no el día que se caiga.
Trabajamos con inmobiliarias, clínicas y empresas de servicios en Costa Rica que están exactamente en esa situación.